El pensamiento social conformista en la conciencia latinoamerican

El pensamiento social conformista en
la conciencia latinoamericana

Dulce Ma. Arredondo Vega*
Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Querétaro

El modelo de posmodernidad emergente,
producto del triunfo del mercado
imperante en la mayor parte del
orbe, ha generado una sociedad globalizada
que propone esquemas de comportamiento
y de valores que deben imitarse.
Una nueva conciencia plantearía que
tiende a desaparecer culturas enraizadas
e identidades nacionales para conformar
una nueva unidad mundial, en el estilo de
vida caracterizada por la “educación del
consumidor”; por una parte, y la frágil
conciencia de nuestra identidad latinoamericana,
por otra, nos han impulsado a
la realización del presente ensayo.
Esta doble problemática nos conduce a
esbozar brevemente las características
de la conciencia latinoamericana y el tipo
de pensamiento que hoy emerge como
hegemónico.
Para el primer problema nos apoyamos
en las aportaciones de Leopoldo Zea,
quien refiriéndose a la situación de la
frustrada y dispersa conciencia latinoamericana,
a mediados del siglo pasado se
preguntaba por nuestro ser e identidad
cultural. En esta búsqueda descubre que
hay un radical problema de adaptación a
la estructura de nuestro comportamiento
social y cultural:

El modelo de posmodernidad emergente, producto
del triunfo del mercado imperante a nivel mundial,
ha generado una sociedad globalizada que propone
esquemas de comportamiento y de valores que
deben imitarse. Una nueva conciencia plantearía
que esta situación tiende a desaparecer culturas
enraizadas e identidades nacionales para conformar
una nueva unidad mundial. Esto conlleva a perfilar
un estilo de vida caracterizado por la “educación del
consumidor” por una parte, y una frágil conciencia
de nuestra identidad latinoamericana. Precisamente
esta doble problemática nos condujo a
abordar brevemente las características de la conciencia
latinoamericana y el tipo de pensamiento
que hoy emerge como hegemónico: el pensamiento
social conformista.
Palabras clave: pensamiento social, conciencia individual-
colectiva, competitividad, sumisión.

“La cultura indígena dejó de existir y de
tener un sentido eficaz porque fue violentamente
arrancada, y respecto a la cultura
europea no sentimos que sea
nuestra, aunque la visión del mundo que
tenemos y utilizamos y nuestros valores
giran en torno a esta última” (Zea, 1958:
119).
De esta manera para Leopoldo Zea el latinoamericano
“es un inadaptado” en su
propio mundo porque no logra adaptar la
cultura europea a sus propias circunstancias,
pero también es un inadaptado
porque no logra crear desde su propia historia
cultural, una identidad propia y una
conciencia dialéctica comprometida con
las respectivas realidades de esta multiforme
América Latina.
El problema parecería a gravarse si agregamos
el contenido del pensamiento y
discurso neoliberal y su impacto en la
frágil conciencia latinoamericana.
El pensamiento hegemónico que actualmente
parece guiar nuestra vida es el
“pensamiento social-conformista”
(Roitman, 2003). Este es un tipo de comportamiento
cuyo rasgo sobresaliente es
la adopción de conductas inhibitorias de
la conciencia en el proceso de la construcción
de la realidad. Se manifiesta
tanto en la dimensión colectiva como en
la individual. Actúa en todas las esferas
de la vida cotidiana, en los espacios públicos
y en los privados, incluso internos.
Podemos adoptar actitudes contrarias a
nuestra voluntad, por ejemplo: asistir a
actos sin quererlo, consumir productos
que no valoramos y justificamos todas
estas conductas contradictorias en aras
de una vida más complaciente.
Actuar sin unir al acto, el sentido y valor
ético que posibilita el resistir, criticar y, finalmente
rebelarse ante un orden establecido,
va construyendo un estado de sumisión
colectiva.
Dos hechos fehacientes de esta realidad
ilustran esta situación: a) la explotación y
b) la competitividad. Así; pensar en la explotación
de la condición humana puede
terminar creando una existencia tortuosa.
Lo mismo sucede si se piensa en la
esclavitud y el sometimiento a que
fuimos sujetos con la Conquista. Sin embargo,
“da mayor tranquilidad” si se abstraed
la condición humana de esos hechos
y se transforman a otro tipo de pensamiento,
por ejemplo: pensar que gracias a
la explotación, ésta se transforma en trabajo
productivo; que gracias a la Conquista
fuimos civilizados y cristianizados,
etc.
Por otro lado, pensar en la competitividad
como una construcción que rompe la
conducta social de cooperación inherente
a toda especie parece una temeridad.
Cuando cualquier cosa que destruye
o limita la aceptación del otro junto
a uno desde la competencia hasta la posesión
de la verdad, destruye o limita el
que se dé el factor humano.
Así pues el conformismo social se edifica
sobre estructuras mentales de carácter
complaciente mutando la condición humana
y negando su naturaleza ética.
La destrucción de los principios éticos y
de la voluntad como factores constitutivos
del ser y la condición humana permiten
el surgimiento de la personalidad y
del carácter conformista.
Este nuevo sistema se apropia de la conciencia
logrando que los individuos entreguen
su voluntad de actuar y pensar al
orden establecido. El pacto social se fundamenta
en inhibir conductas críticas al
sistema. El yo ético-consciente es reemplazado
por “otro” yo y un alter-ego auto complaciente.
El orden social prevaleciente
anula la voluntad, inhibe la conciencia
y destruye los valores éticos
(Roitman, 2003).

Este conformismo social es asumido y
presentado a los ojos de todos nosotros
como una actitud responsable. Es la base
que une y da sentido a una vida complaciente,
libre de ataduras provenientes de
una conciencia ética. Se nos compara
con las máquinas, se señala la perfección
de éstas: y si en el pasado las máquinas
sólo podían aspirar a ser apoyo de las actividades
desarrolladas por seres humanos,
hoy los sustituyen.
El conformismo social se acompaña de
un discurso sofista y una fundamentación
teórica pragmática nacida en las
ciencias sociales cada vez más institucionalizadas
que en ocasiones las llegan a
ser cómplices del conformismo social.
Este panorama, así descrito nos parecería
gris si nos quedamos con la idea de que
“así estamos y nada podemos hacer”
Esto nos obliga entonces a preguntarnos
¿cómo enfrentar esta doble problemática
que además de la estructura frágil de la
identidad latinoamericana se agrega un
tipo de pensamiento conformista que se
empeña en hacernos homogéneos, educarnos
en el consumismo, domesticarnos
y someternos por segunda ocasión y neocolonizarnos?
Consideramos que esta problemática nos
remite a la historia y esto no se hace autónomamente
ni automáticamente, ya que
la toma de conciencia no se adquiere ni
surge del caos social y cultural, ni de un
contexto que pretende el sometimiento
de las masas moldeadas a los designios
de los intereses hegemónicos; pero tampoco
en un contexto de inocencia política
; así pues defendemos la idea de que la
educación, la cultura, el conocimiento de
nuestra historia y el pensamiento crítico
vinculados a un determinado proyecto
político forman la parte esencial del
motor que está transformando la conciencia.
Pero de ¿qué conciencia estamos
hablando?. De una conciencia que
busque rescatar la cultura de la resistencia
y liberación de nuestro pueblos
como punto necesario de partida (Cabral,
1980); que sea capaz de construir un sistema
alternativo, que haga posible la
utopía.
Pero ¿cómo lograr que la educación se
comporte como factor de la emancipación
mental, factor elemental en el latinoamericano
para adquirir no solamente
una conciencia de su doble identidad;
sino enfrentar además el pensamiento
dominante que incrementa su pasividad y
conformismo social?
Traemos a la discusión un comentario de
Fernando Mires en su publicación “La Revolución
que nadie soñó o la otra Posmodernidad”
(Mires, 1996); en la que se refiere
al colapso de la Unión Soviética en
1989. Dicho fenómeno lo explica como:
“Un atrapamiento del pasado, como un
estancamiento de las estructuras, como
una descontextualización en relación al
avance de otra revolución que vive el
mundo actual: la revolución de la microelectrónica”.
A este fenómeno mental, político, económico,
cultural y social lo llama “colapso
de la modernización”. Y es en este sentido
que F. Mires (1996: 124-125); afirma que
América Latina ha colapsado antes que la
Unión Soviética.
En efecto, si lo vemos desde el punto de
vista moderno, América Latina está colapsada.
Con excepción de nuestras valiosas
producciones literarias y algunas
investigaciones científicas de alcance internacional,
nuestro atraso científico y
tecnológico es abismal y sus efectos se
proyectan en la vida económica, social y
cultural. Así, el atraso no solo nos saca de
la historia, sino que sirve de “caldo de cultivo”
para la aceptación sin resistencia,
del pensamiento social-conformista.

Dulce Ma. Arredondo Vega El pensamiento social conformista en la conciencia latinoamericana
En esta lucha interna de emancipación
mental y de sumisión o resistencia al pensamiento
social-conformista, la educación
juega un papel imprescindible.
Es necesario conocer nuestra realidad latinoamericana,
tener una filosofía propia,
ya que conociendo y comprendiendo
nuestras necesidades, asimilando el
mundo moderno desde nuestra realidad y
generando una actitud crítica hacia el
“aparente inmovilismo social”, podremos
caminar por la senda de la emancipación.
Para incorporar el mundo moderno no se
requiere renunciar a nuestro pasado histórico
en su doble vertiente americano-
europeo, sino por el contrario, asimilarlo
produce al interior de la persona
una conciencia más universal y transformadora
de la realidad americana (Zea,
1958).
Es, precisamente, para esa asimilación,
que la educación sigue siendo como diría
Rodó: “El factor principal para abrir y renovar
América hacia un desarrollo humano
sostenible” (Rodó, 1986). Esa conciencia
y aceptación constructora de
nuestra identidad será un paso firme para
hacer frente al pensamiento hegemónico
que hoy arrolla la historia y raíces de los
pueblos para envolverla en el torbellino
vertiginoso del “éxito económico”, como
objetivo ideal de la humanidad, haciéndolo,
mediante la apatía y conformismo,
indiferente a la injusticia, la corrupción, la
desigualdad, la pobreza.
Ante las ideas de “progreso” que hoy impregnan
el discurso dominante aduciendo
que éste (progreso) sólo será patrimonio
de personalidades innovadoras
y empresariales, gente con iniciativa, emprendedora;
que quienes no tienen iniciativa
son convertidos en vagos y maleantes,
que viven del sacrifico de los
otros, también deben asumir el sentido y
las prácticas del riesgo que supone para
los empresarios -los hombres de bien-
(Roitman, 2003), etc., etc. Todos estos argumentos
han penetrado con bastante facilidad
a una mente y conciencia colectiva
que por siglos ha estado colonizada.
Y lo más grave es que ello está permitiendo
asentar las propuestas de un sistema
altamente represivo y totalitario.
Para denunciar y poner en evidencia todo
este tejido social debe ser tarea de toda
una educación, sobre todo la que corresponde
al nivel superior; que además de
tener el deber de la innovación y cambio
técnico, debe crear no sólo una conciencia
lúcida para comprender los problemas
nacionales y su relación con los
internacionales, sino crítica y creativa,
propositiva y transformadora de esta realidad
haciendo posible la utopía.
La nueva educación en todos sus niveles
debe programarse curricular y metodológicamente
en función de la innovación y
el cambio, pero lejos de convertir la formación
en algo pasajero meramente técnico,
individual y economicista, debe
estar apoyada en una formación científica
y humanística.
En nuestros países la innovación adquiere
una gama de posibilidades de estudios
de investigación y su aplicación.
Aunque es de reconocerse que esto en
nuestro continente resulta costoso y
además está supeditado a la transferencia
de tecnología, muchas veces asociada
a la voluntad de subsidios de multinacionales
y cuyos intereses no responden
a los nuestros. El otro grave
problema para la innovación que influye
en la atención de nuestras necesidades
ha sido la pesada deuda externa cuya
carga con el Fondo Monetario Internacional
-FMI- la deja en una posición nada
favorable para hacer los cambios cualitativos,
en el sector económico, industrial y
educativo.

Para ello, el programa de las Mega-universidades
(Didrikson, 2001) en el que se
han incorporado ya algunos países de
América del Sur y Central, para facilitar el
intercambio académico, amerita un gran
reconocimiento, ya que el desarrollo de
América Latina justamente está relacionando
al grado de conciencia supranacional,
nacional y crítica para lograr la superación
de la colonización mental agudizada,
como se ha dicho, por el proceso
neocolonial del Neoliberalismo; dando
por resultado el conformismo, la apatía y
el nuevo sometimiento, esto supone la
creación de un proyecto político moderno
y estable para la región .-

2 comentarios hacia “El pensamiento social conformista en la conciencia latinoamerican”

  1. Alberto 5 de noviembre de 2010 a 21:31 #

    Me ha parecido muy interesante el artículo, felicito a su autora. Escribo desde España, aquí la conciencia social del individuo también ha desaparecido. Si bien en Europa partíamos con la ventaja de un sindicalismo centenario reivindicativo y triunfador, en la actualidad se están perdiendo, de forma acelerada, una gran parte de esos logros que tanto costó conseguir. Actualmente al trabajador se le manipula muy facilmente porque básicamente aquel no ofrece resistencia alguna frente a las poderosas fuerzas de un neocapitalismo que trata de sacar ventaja del adormecimiento social generalizado.
    Cordiales saludos desde Madrid,
    Alberto

  2. cialis 27 de septiembre de 2011 a 7:54 #

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