Hermenéutica de la praxis. En homenaje a Adolfo Sánchez Vázquez

2 Feb

 

 

 

 

 

Por Rigoberto Pupo

1312941606872--PUPO.jpgDoctor en Filosofía.Doctor en Ciencias. Profesor-Investigador Titular de Filosofía de la Facultad de Filosofía e Historia  de la Universidad de La Habana.

E-mail: ripup@ffh.uh.cu

Filosof_a_de_la_praxis.jpgAdolfo Sánchez Vázquez,quien tanto aportó a este tema con su excelsa obra Filosofía de la praxis, y que constituye  una obra maestra  dedicada a la hermenéutica de la praxis. Resulta difícil encontrar en el campo filosófico una obra que supere en contenido el tratamiento holístico, transdisciplinario, cultura y complejo de la praxis, en los marcos del sistema: necesidad – interés – fin- medio – condiciones y resultado del devenir humano.Nadie, mejor que Sánchez Vázquez, asumió de modo creador  el lugar de la praxis en la filosofía en general,  y en la filosofía marxista, en particular.

La praxis es una categoría filosófica por antomasia, en tanto media lo ideal y lo material en el devenir del hombre en relación con la naturaleza y la sociedad, que no se puede reducir sólo al trabajo o a la técnica en general como a veces sucede. Por eso su análisis hermenéutico es inseparable de otros conceptos filosóficos, que requieren definirse para una real comprensión de la praxis.

 

La filosofía es un saber sintético- integrador sobre el mundo en relación con el hombre, y la relación hombre – mundo, en tanto abstracción de máxima generalidad, encuentra concreción en la actividad, como relación sujeto- objeto y sujeto- sujeto.  En la praxis, en tanto núcleo fundante  de la actividad humana, lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, devienen idénticos.  Por eso, a través de la praxis los momentos cognoscitivo, valorativo y comunicativo del devenir humano, en su relación, emergen, se despliegan y se determinan en la cultura.

 

La cultura es al mismo tiempo concreción de la actividad humana y medida cualificadora de su ascensión.

La actividad humana expresa el modo de existencia, cambio y transformación de la realidad social.

 

Sujeto: Es una categoría filosófica que designa al hombre socio históricamente determinado y portador de la actividad humana. Se expresa como sujeto individual, grupal o como la sociedad en general.

 

Objeto: Es una categoría filosófica que designa la parte de la realidad humanizada por el hombre, es la parte de la realidad que el hombre ha integrado a su actividad. La porción de la naturaleza o la sociedad que el hombre subjetiva, espiritualiza con su actividad práctica.

La actividad como forma de ser de la realidad social posee una estructura compleja, la cual se revela en las relaciones sujeto- objeto y sujeto- sujeto, e integra en sí:

 

Actividad cognoscitiva.  Es un concepto que designa el modo en que existe la conciencia. Es un proceso de aprehensión de la realidad que va de la sensación hasta la formación de conceptos, cuya forma superior tiene lugar en la teoría científica. El hombre conoce porque actúa prácticamente. Por supuesto, el resultado de la actividad cognoscitiva es el conocimiento en sus dos niveles: empírico y teórico.

 

Actividad práctica.  Es una categoría filosófica que refiere a la actividad material adecuada a fines. Es una relación esencial sujeto- objeto y sujeto- sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, devienen idénticos. La práctica es fundamento, base, fin y criterio valorativo de la verdad.

 

Actividad valorativa.  Es un concepto que designa el modo en que existen las necesidades, los intereses y los fines del hombre. El valor es el ser de las cosas para el hombre. Es el significado que tienen las cosas para el hombre. El hombre antes de preguntarse qué son las cosas, se pregunta para qué le sirven. Emite juicios valorativos: esto es bueno, malo, bonito, feo, agradable, santo, etc.

 

Es necesario encauzar valores para la formación humana. Pero hay que cultivarlo para que se revelen. El hogar, en primer lugar y después la escuela tienen la tarea de preparar al hombre para la vida y los valores son sus cauces de realización efectiva.

 

Actividad comunicativa. La comunicación es un concepto que designa el intercambio de actividad, en sus diversas formas y manifestaciones, así como sus resultados, ya sean conductas, experiencias, en fin el intercambio del proceso y resultado de la actividad humana y la cultura. En la comunicación se sintetizan en unidad orgánica los conocimientos, los valores y la praxis social e individual.

 

La praxis y la actividad humana en general, no devienen por generación espontánea. Poseen sus fundamentos generadores en la necesidad, los intereses, los fines, medios y condiciones, hasta el resultado que debe coincidir en general con el fin propuesto: Fundamentos de la actividad humana: Necesidad, Interés, Fin, Medios y Condiciones y  Resultados.

 

La actividad humana no se realiza por generación espontánea. Requiere  de su fundamento objetivo – subjetivo para su realización efectiva. La actividad humana se funda en un sistema complejo, integrado por:

 

La necesidad: Refiere a la base objetiva que impulsa la actividad. Es lo que el hombre necesita, sus carencias, etc. que se convierte en fuente que impulsa la acción del hombre.

 

El interés: Es la toma de conciencia de las necesidades del hombre,  su interiorización, expresada en un interés estable. En fin, es la necesidad hecha conciencia.

 

El fin: Es la proyección ideal de las necesidades e intereses. Potencialmente aparece como posibilidad que requiere de medios y condiciones para realizarse.

 

Los medios: Son los elementos objetivos y subjetivos que contribuyen a la realización del fin.

 

Las condiciones: Son mediaciones necesarias para la realización del fin.

 

A veces los fines, fundados en necesidades e intereses reales, no se realizan, porque carecen de los medios y condiciones. Fines e  ideales humanos, en determinadas condiciones históricas se han quedado en el nivel de la posibilidad, sin convertirse en realidad.

 

Debe destacarse que este sistema condicionante de la actividad humana: necesidad- interés- fin- medios y condiciones, está mediado por la praxis en todo su proceso y resultado. Precisamente en ese proceso tiene lugar la conversión recíproca entre lo ideal y lo material, y  su devenir idéntico en las relaciones sujeto- objeto y sujeto- sujeto.

 

En la aprehensión hermenéutica de la praxis, resultan interesantes y guiadoras la idea de Marx en las tesis sobre Feuerbach, “que la vida es esencialmente práctica” y las de Lenin en los Cuadernos filosóficos, que la práctica “posee no sólo la dignidad de la universalidad, sino también la de la realidad inmediata”, y que “la conciencia del hombre no sólo refleja el mundo objetivo, sino que lo crea (…) es decir, que el mundo no satisface al hombre y éste decide cambiarlo con su actividad”. Resultan ideas rectoras para comprender la universalidad de la praxis y las distintas aristas de sentido que posee su  interpretación.

 

De una forma u otra en la historia de la filosofía y del pensamiento y las ideas en general,  ha primado la sobrevaloración de la teoría respecto a la praxis. En mi criterio, Marx fue el primero que concibió la dialéctica teoría – práctica como un problema teórico – práctico y práctico – teórico, al mismo tiempo, para  así superar la dicotomía  existente y la minusvaloración de la praxis en dicha relación.

 

Las tesis sobre Feuerbach dan cuenta de ello. Por su parte Lenin, si bien  señala que sin teoría revolucionaria, no hay praxis revolucionaria, en los Cuadernos Filosóficos afirma la superioridad de la praxis respecto a la teoría, en tanto tiene la posibilidad de acceder a la universalidad y a la realidad inmediata.

 

Esto significa que estamos en presencia de un problema complejo, poseedor de muchas aristas significativas, de múltiples sentidos, y por ello, de una extraordinaria riqueza hermenéutica[5].

En la actualidad aún se sigue concibiendo la praxis de modo unilateral y abstracto, a pesar de las razones dadas anteriormente. Hay una acuciante tendencia a  su reduccionismo  aprehensivo. Si la praxis es una esencial relación sujeto – objeto y sujeto – sujeto, donde lo ideal y lo material se convierten recíprocamente, cómo es posible reducirla sólo al trabajo[6] o a la técnica[7], y así  hacer de ella algo inmediato y externo al propio devenir cultural humano. “Decimos crítica del modelo de la tekne y no crítica de la tekne como tal, es decir, no prejuzgamos que la actividad técnica y el trabajo en general sean algo cuestionable por sí. Lo que resulta cuestionable es su conversión en un modelo y hasta en un ideal para interpretar y conducir el quehacer y el vivir humanos en su totalidad. En verdad, el modelo de la tekne, y el modo específico en que en  ella se estatuye la relación entre lo teórico y lo práctico, prejuzga  y generaliza  sobre el modo de ser de esta relación para todos los casos. Es decir, la consabida oposición entre teoría y práctica, que presupone  su previa separación, ha sido asentada a partir de la acción técnica.

 

Es ella la que nos induce a pensar en una separación entre  ambos términos y donde su encuentro sólo va a producirse de forma extrínseca y mecánica. La “unidad de teoría y práctica”, que el pensamiento clásico moderno, desde Kant hasta Marx, convirtió en la tarea de una reflexión filosófica crítica, es finalmente inviable si se insiste en querer pensarla conforme al modelo de la actividad técnica. En verdad, sólo vamos a hacer plausible un pensamiento de la unidad teoría-práctica, saber-hacer, desde otra perspectiva, desde la perspectiva de una hermenéutica de los modos no técnicos del hacer humano, como la acción corporal, la expresión estética, la conducta ética o la praxis política (estrictamente entendida).

 

Esto significa que si abordamos la praxis en su realidad concreta, como actividad material adecuada a fines y mediación central en el devenir idéntico de lo ideal y lo material, no es posible reducirla a ninguna de sus formas concretas de expresarse, sino como sistema complejo. De lo contrario no se rebasa una concepción inmediatista, utilitarista y empírica de su contenido.

 

Con razón Marx, exige nuevos parámetros aprehensivos y discernimientos hermenéuticos de la praxis, cuando señala la necesidad de su comprensión real en crítica al materialismo contemplativo y al idealismo objetivo y subjetivo en sus tesis sobre Feuerbach y en La Ideología Alemana.

 

Igualmente, Adolfo Sánchez Vázquez, en su “Filosofía de la Praxis”, además de restituir el significado original  descubierto por Marx, hace aportes sustanciales a la concepción de la praxis. Desarrolla una tipología de la práctica que estigmatiza las concepciones tecnicistas y utilitaristas de dicho concepto. “La materia prima de la actividad práctica – señala el destacado filósofo marxista de la praxis – puede cambiar dando lugar a diversas formas de praxis.

 

El objeto sobre el cual ejerce su acción el sujeto puede ser: a) lo dado naturalmente, o entes naturales; b) productos de una praxis anterior que se convierten, a su vez, en materia de una nueva praxis, como los materiales ya preparados con que trabaja el obrero o crea el artista plástico; c) lo humano mismo, ya se trate de la sociedad como materia u objeto de la praxis política o revolucionaria, ya se trate de individuos concretos. En unos casos, como vemos, la praxis tiene por objeto al hombre y, en otros, una materia no propiamente humana: natural, en unos casos, artificial, en otros”[9]. Al mismo tiempo, además de concebir la unidad teoría – praxis, como problema teórico – práctico y práctico – teórico, expone distintas formas de praxis, que van desde la creadora y reiterativa, hasta la espontánea y reflexiva, sin agotarlas.

 

Por supuesto, aún queda mucho por hacer. Las concepciones teoricistas y pragmáticas y reduccionistas, merodean como duendes en distintas corrientes de pensamiento. Por una parte se exagera la función guiadora de la teoría y se subestima a la praxis en detrimento del propio hombre y su ecosistema[10]. La visión teoricista e instrumentalista de la praxis ha causado muchos daños a la humanidad, incluyendo su propio hábitat. Es necesario asumir nuevas alternativas fundadas en la praxis y en su comprensión racional, como bien señaló en su tiempo Carlos Marx. Por eso la cultura  filosófica, y su hermenéutica en particular, tienen mucho que decir y hacer en pleno siglo XXI.

 

“Todo esto no hace sino reafirmar la concepción del hombre como ser práctico, por más que puedan cambiar las formas especificas de desplegar su actividad, y demuestra, asimismo, que la concepción misma de la praxis y del hombre como ser práctico tiene que ser dialectizada en función de los cambios decisivos que se operan, en la actualidad, en la praxis misma, y, en particular, en la praxis material productiva y en la praxis social. Todo ello nos convence, a su vez, de la necesidad de dotar a la categoría de práctica de un estatuto más rico y riguroso que el que ha tenido tradicionalmente, y del que carece todavía en gran parte del pensamiento filosófico”.

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