MUJER IRREDENTA

2 Feb

 

 

 

 

MUJER IRREDENTA

 María Eliana Valenzuela Sánchez, el jueves, 24 de junio de 2010 a la(s) 23:03

 

17372_246543955291_599170291_3539719_8336432_aEn homenaje a un ser humano llena de luz […] mujer-poetiza-pachamama . No fue posible ese compartir unas cervezas y hablar de ese tiempo extraviado […] te recuerdo con tu pelo negro y esa sonrisa pintada en tu alma, más allá de ese tiempo urgente que nos toco vivir. No fuimos amigos, no había tiempo para ello, hermanos de dos culturas política unidos en la ® […] cuanto lamento no haber podido abrasarte, comenzar a conocerte y compartir bellos momentos de amistad  […] hablar de la lucha digna de nuestros hermanos zapatistas, conocer tu impresión de tu viaje a Cuba […] teníamos temas para una larga conversación.  Tu impronta partida me golpeo, como a todos tus amigosGato y en especial a tus hijos […] Te saludo en esa alegre rebeldía de nuestros sueños

Armando Romero

Corresponsal Sin Frontera

 

 

Hay quienes piensan
que he celebrado en exceso
los misterios del cuerpo
la piel y su aroma de fruta.
¡Calla, mujer! me ordenan
No nos aburras más con tu lujuria
Vete a la habitación
Desnúdate
Haz lo que quieras
Pero calla
No lo pregones a los cuatro vientos.
Una mujer es frágil, leve, maternal;
en sus ojos los velos del pudor
la erigen en eterna vestal de todas las virtudes.
Una mujer que goza es un mar agitado
donde sólo es posible el naufragio.
Cállate. No hables más de vientres y humedades.
Era quizás aceptable que lo hicieras en la juventud.
Después de todo, en esa época, siempre hay lugar para el desenfreno.
Pero ahora, cállate.
Ya pronto tendrás nietos. Ya no te sientan las pasiones.
No bien pierde la carne su solidez
debes doblar el alma
ir a la Iglesia
tejer escarpines
y apagar la mirada con el forzado decoro de la menopausia.
Me instalo hoy a escribir
para los Sumos Sacerdotes de la decencia
para los que, agotados los sucesivos argumentos,
nos recetan a las mujeres la vejez prematura
la solitaria tristeza
el espanto precoz a las arrugas.
¡Ah! Señores; no saben ustedes
cuánta delicia esconden los cuerpos otoñales
cuánta humedad, cuánto humus
cuánto fulgor de oro oculta el follaje del bosque
donde la tierra fértil
se ha nutrido de tiempo.

 

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