La desigualdad y la elite

Por Dante Contreras
La desigualdad y la elite

http://www.capital.cl

16 Dic 11

Los libros de Lagos-Landerretche y de Velasco-Hunneus dan cuenta de las inequidades que exhibe Chile. A veces se olvida que el problema se explica mayormente por la existencia de un grupo, el 5% más rico, que concentra el poder político y económico y que, al ser de baja permeabilidad, no ha sido capaz de reformas significativas, porque tampoco tiene los incentivos para hacerlas.

Quizá las masivas protestas que hemos vivido durante este año han dado mayor notoriedad al tema de la desigualdad. Un problema complejo, con raíces estructurales y de difícil solución. En realidad, Chile sufre no una sino muchas desigualdades; entre ellas, de ingresos (resultados), de oportunidades, de educación, de derechos de los consumidores, de capacidad para hacerse escuchar.
El libro de Andrés Velasco-Cristóbal Hunneus correctamente identifica una de ellas: el acceso al empleo. Un aspecto de suma importancia. Los autores dan cuenta de que la amplia diferencia de ingresos se explica en parte por los bajos niveles de empleo que muestran los deciles más pobres de la población. El acceso al empleo, entonces, ayuda de manera significativa a reducir los niveles de desigualdad.
Adicionalmente, el empleo también contribuye a la inclusión social y a la estabilidad socioeconómica. En efecto, la mejor política social es aquella que permita a los individuos dejar de depender de otros para alcanzar niveles de bienestar razonables. Al mismo tiempo, el acceso a un empleo de calidad lleva asociadas contribuciones a la salud y a la previsión, lo que genera beneficios en otras dimensiones sociales mas allá de los ingresos contingentes.
Por otra parte, el libro de Ricardo Lagos-Óscar Landerretche fija la atención en la desigualdad de oportunidades y en el rol de la educación como factor clave para resolver al menos una parte de las inequidades. Ambos libros son complementarios. El del candidato presidencial es pragmático, mientras que el del ex presidente tiene que ver con el sueño de lograr para Chile una mayor movilidad social.
Reducir el libro de Velasco-Hunneus a la idea de que sólo el empleo es lo importante sería absurdo. La crisis de desigualdad que vive el país es mucho más profunda y significativa que el acceso a una fuente de trabajo. Es una crisis de movilidad social, de acceso a oportunidades y de la dignidad que merecen todos los ciudadanos. En todo lo anterior el empleo es fundamental, pero también lo son la educación de calidad, la meritocracia y la construcción de una sociedad más igualitaria.
Sin ánimo beligerante, se puede afirmar que –de acuerdo al análisis a partir de las encuestas CASEN– la desigualdad en Chile se explica por el comportamiento del 5% más rico de la población. Excluyendo a ese grupo, Chile es en promedio un país pobre e igualitario; incluyendo a esa elite, es un país de ingreso medio y desigual. Así es Chile: una profunda desigualdad explicada mayormente por las elevadas rentas de muy pocos en la población.
En definitiva, el empleo importa y mucho, pero también debemos lograr subir los ingresos del resto de la población y que dicho aumento sea significativo. De otra manera, tendremos menor desigualdad por un mayor número de chilenos empleados a salarios bajos. Es cierto, esto es mejor que nada. Sin embargo, la meta debe ser más ambiciosa.
Es sabido que los incrementos salariales no ocurren por decreto, pues se requieren mejoras en productividad que se logran con educación de buena calidad desde la primera infancia hasta el nivel terciario. Esto toma tiempo y demandará grandes recursos. Las diferencias entre los más ricos y los más pobres es una muralla que frustra el sueño de miles de chilenos que quieren más y mejores oportunidades para sus hijos. Una reforma educacional bien diseñada no sólo empujaría la movilidad social, sino que incrementaría la meritocracia y desafiaría a la elite nacional.
A mi juicio, acá está el principal problema. La elite del país, al concentrar el poder político, económico y ser de baja permeabilidad, no ha sido capaz de hacer reformas significativas en pro de igualdad. La verdad, tampoco tiene incentivos para hacer dichas transformaciones. Este tipo de reformas significará para este reducido grupo mayores impuestos, mayor competencia y pérdida de poder. Hay que airear a la elite chilena, desafiarla y que compita por privilegios en vez de heredarlos.
El empleo es importante, pero la desigualdad que vive Chile es más compleja y requiere de múltiples instrumentos y valentía; sobre todo, del grupo que debe liderar estos cambios.

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